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Enriquecimiento forestal con castaña

Documentando prácticas locales de manejo en Madre de Dios

La problemática

Estudios recientes, así como la experiencia general de los pobladores en la región de Madre de Dios han demostrado que existe una marcada ausencia de regeneración natural del árbol de castaña, lo cual pone en serio riego a la producción de nueces en el largo plazo. En otras palabras, los árboles viejos no están siendo reemplazados por árboles nuevos lo suficientemente rápido como para que se garantice una población estable a largo plazo. Similarmente, hay indicios de tendencias a la baja de la producción de castaña en la región, lo cual en conjunto con la falta de regeneración natural podría disminuir el importante papel que la producción sostenible de castaña desempeña actualmente como incentivo para la conservación de los bosques.

El enriquecimiento forestal: ¿una posible solución?

La siembra en el bosque de plántulas de castaña producidas en vivero—un proceso conocido como enriquecimiento forestal—podría ser una manera de abordar el problema. Durante las últimas décadas han habido varias incitativas para enriquecer los bosques con árboles de castaña por parte de los mismos castañeros, pero también con proyectos de reforestación. Lamentablemente, esto no es una tarea sencilla, ya que las plántulas trasplantadas son afectadas por una gran cantidad de factores. Una de las causas más importantes de la mortandad de las plántulas son animales herbívoros que se las comen como el añuje (agutí) y la sachavaca (tapir). Existen experiencias con métodos de protección de las plántulas contra la herbivoría en la región, sin embargo la gran mayoría de éstas no han sido documentadas, lo cual dificulta tanto la evaluación de su efectividad como la extracción de lecciones aprendidas.

La labor de SUSTAIN

Entre abril y agosto de este año, uno de nuestros practicantes se dio a la tarea de identificar y entrevistar a personas que han sembrado árboles de castaña en el pasado. El objetivo era generar información que contribuya al diseño de programas de enriquecimiento forestal efectivos, así como abrir el camino para estudios más detallados en el futuro. A través de entrevistas con castañeros, representantes de organizaciones de la sociedad civil y otros actores relacionados al manejo de la castaña, se identificaron las diferentes prácticas de manejo de árboles sembrados, dando así un inicio exploratorio al estudio del conocimiento regional sobre el manejo del enriquecimiento de los bosques de castaña. Éste comienzo de tales estudios ha dado paso a un levantamiento de datos aún más exhaustivo durante Octubre y Noviembre, del cual les contaremos más en detalle pronto.

¿Qué encontramos?

En promedio, los entrevistados en esta primera fase contaban con alrededor de 40 años de experiencia trabajando con la castaña. Si sumamos la cantidad de árboles que estas personas han sembrado la cifra alcanza los 5,200 individuos, de los que a la fecha probablemente sobrevive el 48%. Sin embargo, sólo una minoría de estos árboles se encuentra en producción actualmente. La mayoría de las instancias de siembra encontrada ocurrieron dentro del bosque a pesar de que esto implica más complicaciones que hacerlo en purmas o en tierras agrícolas. Esto podría ser tomado como un indicador de que existe considerable interés por plantar castaña en áreas de bosque.

Entre las amenazas del enriquecimiento forestal con castaña percibidas por los entrevistados, la herbivoría fue sin lugar a dudas la más importante. Esto nos indica que los métodos de protección contra la herbivoría formarán un componente fundamental de cualquier proyecto de enriquecimiento forestal de castaña en el futuro. Algunas otras amenazas mencionadas fueron los altos costos de mantenimiento, las bajas tasas de crecimiento de las plántulas en el bosque y las plagas.

Para determinar el método de protección adecuado, es importante considerar la gran variabilidad de tipos de sitios por enriquecer—desde tierras agrícolas hasta en claros de bosques, la capacidad de los concesionarios para acceder a ciertos recursos y de invertir su tiempo, y analizar qué herbívoros están presentes en los sitios elegidos para ser plantados. En este sentido, la gente local y su conocimiento de lo que hay en sus áreas puede ser una fuente de información invaluable. Además, la capacidad de acceso de los concesionarios de la tierra a la mano de obra y los materiales deberá ser evaluada antes de elegir un método de protección.

La herbivoría por roedores pequeños y medianos como ardillas, agutíes y pacas, probablemente puede ser prevenida mediante el uso de barreras simples como botellas de plástico o bardas pequeñas. Por el contrario, para combatir al tapir se necesitan métodos mucho más robustos. La instalación de bardas de entre dos a tres metros de altura alrededor de los árboles puede ser muy efectivo contra este animal, pero también demasiado costoso para ser implementado en proyectos de enriquecimiento forestal con cobertura amplia. Una alternativa más económica encontrada fue el uso de arbustos espinosos para cubrir los troncos de los árboles.

Otra experiencia interesante, especialmente en situaciones en las que el acceso a materiales (como la malla de alambre) sea limitado, es el uso de métodos de protección no estructurales. Una práctica encontrada es tomar ventaja del comportamiento y los hábitos de los animales. Por ejemplo, bloquear los caminos que llevan hasta las castañas juveniles usando escombros provenientes del mismo bosque podría ser una solución excelente que se aprovecha de la preferencia de los tapires por transitar sobre caminos abiertos. Por otro lado, trasplantar las castañas una vez que la nuez haya sido absorbida dentro del tallo, las hace poco atractivas para los agutíes y otros roedores. Este método también es implementado por nuestros colaboradores en el IIAP (Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana). Las plántulas sembradas en el vivero son tratadas de esta forma para dar fuerza y disminuir el volumen de nuez en la plántula. Aumentar la presencia humana en los sitios enriquecidos a través de visitas frecuentes también podría servir para ahuyentar a los animales.

El tiempo que las protecciones estructurales deben estar colocadas alrededor de los árboles varía dependiendo de la especie para la cual fueron pensadas. En cuanto a los agutíes, parece que es suficiente dejarlas colocadas hasta que la nuez se convierta en parte del tallo. Para los tapires, es necesario dejarlas hasta que la planta alcance cierto grado de robustez. De acuerdo con los entrevistados, lo anterior puede tardar entre 2.5 y 6 años, dependiendo de la tasa de crecimiento de cada árbol.

¿Cuáles son los siguientes pasos?

Este estudio forma una base sólida para el siguiente paso de investigación que se está realizando: extender el número de experiencias y adquirir datos ecológicos de los individuos plantados, para así tener una idea retrospectiva de cuáles han sido las prácticas más exitosas. Más acerca de esto en futuros blogs!

Damos las gracias a todos los entrevistados por compartir sus experiencias, y al practicante mexicano que realizó el estudio y escribió este blog, Francisco Ehrenberg, quien con ello culmina su maestría en conservación de bosques y naturaleza en la Universidad de Wageningen, Holanda.

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